Formemos la Asociación Civil MEXICANOS UNIDOS, para superar la actual situación nacional, aprovechando el contexto internacional.
Durante los últimos decenios hemos visto la paulatina degradación de la vida social de los mexicanos. Hoy vemos una nación políticamente polarizada y dividida económicamente, como ningún otro país, por la inicua distribución de la riqueza. Podemos citar entre otros muchos, los siguientes datos de alerta, que testimonian la terrible situación social, económica y política en México:
I. En lo social
- La vergonzosa y oprobiosa discriminación en contra de los americanos originarios. Quinientos años de despojo económico, manipulación política y de opresión y exclusión social deben terminar.
El abandono deliberado y el consecuente desmantelamiento del campo, cuya participación en el Producto Interno Bruto ha bajado del 8 % en 1980 al 4 % actualmente, frente a la entrada en vigor del capítulo agrario del TLCAN.
La emigración-expulsión de más de cinco millones de mexicanos en los últimos diez años, quienes sufren el maltrato y la explotación en los Estados Unidos y dejan familias desintegradas en nuestro país.
Los niveles de pobreza que ya alcanzan casi al 70 por ciento de la población total de nuestro país.
Los más de un millón de niños en edad escolar que no asisten
a clases por carecer de lo más indispensable y el 40 por ciento de los jóvenes en edad de cursar la educación media superior; la enorme deserción en todos los niveles educativos, de la primaria al bachillerato y la imposibilidad de acceso de la mayoría de los jóvenes a la educación superior.
La incapacidad de los gobernantes para garantizar al pueblo niveles mínimos de seguridad ante los eventos de la naturaleza, ante la delincuencia común y la organizada desde los centros del poder económico y político; el cáncer del país: la corrupción y la impunidad; en fin, para garantizar a los mexicanos una vida elementalmente digna.
La torpe y criminal administración pública de nuestros recursos naturales. El agua, los bosques y la riqueza biológica hoy son vistos sólo como objetos para el enriquecimiento de los inversionistas privados, nacionales y extranjeros.
II. En lo económico:
La deuda nacional (pública y privada, interna y externa, con Pidiregas, IPAB-Fobaproa) actualmente asciende a más de trescientos mil millones de dólares estadounidenses, equivalentes a más de tres billones de pesos o sea más de la tercera parte del PIB. De éstos, el gobierno ya reconoce públicamente más de dos billones. Esta es una deuda por demás injusta y usurera, si recordamos que nuestro país, según informe del propio Banco Mundial, entre 1982 y 2004, pagó a la banca internacional alrededor de cuatrocientos mil millones de dólares, solamente por concepto de intereses y servicio de la deuda.
El desempleo abierto que, según el INEGI, ronda el 4 % de la Población Económicamente Activa. Lo que significa que el problema es más grave si tomamos en cuenta que los métodos para calcular esa tasa toman en cuenta como empleado a la persona que labora esporádicamente al año.
La apertura total del campo mexicano, en términos del Tratado de Libre Comercio, en la situación más desastrosa, a partir de este enero de 2008. Tratado que se celebró violando diversos principios y normas fundamentales de la Constitución Federal.
La venta, principalmente a extranjeros, de grandes extensiones de playas que fueron propiedad ejidal, como consecuencia de la reforma salinista al artículo 27 constitucional. Así como la deforestación y la destrucción de manglares en el sureste del país, en manos de los inversionistas hoteleros y fraccionadores españoles.
La pretensión de privatizar la industria del sector energético del país (previo y deliberado abandono a PEMEX y la CFE).
La pretensión de privatizar el sistema social de salud, en contravención a lo dispuesto en la Constitución de la República y despojando de sus derechos a casi dos millones y medio de trabajadores al servicio del Estado y de empresas públicas. Casi un millón de trabajadores han demandado el amparo de la justicia federal contra la nueva Ley del ISSSTE.
La pretensión del gobierno de reformar la Ley Federal del Trabajo, para abolir el pago de la indemnización por despido y los contratos colectivos; para darle a los patrones amplias facultades para cambiar unilateralmente las condiciones de trabajo.
III. En lo político:
El creciente descrédito de la clase política y sus diversas organizaciones: los partidos políticos, los diputados y senadores, la procuraduría y los órganos impartidores de justicia; los órganos electorales; las instituciones de defensa de los derechos humanos y otros.
La debilidad de las organizaciones sindicales, basadas casi siempre en los mismos mecanismos de control del repudiado charrismo sindical, ejemplificado con el apoyo que se le brinda desde el poder político y privado a la presidenta del SNTE.
La violación permanente y sistemática de las garantías individuales y sociales establecidas en la constitución; el Ejército, contraviniendo lo expresamente dispuesto en la Constitución, cumpliendo tareas de policía; la actuación, también inconstitucional, de elementos de la policía y el ejército de los estados Unidos en nuestro territorio.
La violación a la soberanía nacional, con los “acuerdos” celebrados entre los gobernantes de México y Estados Unidos, autorizando la intromisión de agentes de la policía y los servicios de inteligencia militar estadounidenses dentro de nuestro territorio.
El creciente abstencionismo electoral, derivado de la desesperación y la desconfianza de los ciudadanos respecto de los políticos profesionales.
En suma, en tan sólo 25 años, la clase política, abdicó de la soberanía nacional y asumió plenamente su papel gerencial al servicio de los intereses financieros y comerciales más poderosos del mundo. A partir de diciembre de 1982, reformó sustancialmente la Constitución de la República, así como diversas leyes reglamentarias. Lo hizo para entregar a inversionistas nacionales y extranjeros más de mil empresas y organismos públicos, prioritariamente a los segundos. Mediante el llamado proceso de desincorporación, dejaron en manos de los bancos extranjeros más del 90 % de los recursos financieros del país; en manos de empresas privadas la producción y venta del 30% de la energía eléctrica del país; también la industria ferrocarrilera, la telefónica, la comunicación satelital, la aeronáutica, la naviera marítima, la minera, las carreteras, los ingenios azucareros, la televisora pública, hasta el servicio de inspección aduanal y muchas más. Todo con la promesa de que los ingresos obtenidos con las privatizaciones serían utilizados para solucionar los problemas de los que entonces menos tenían.
La clase política también nos ha privado de importantes instituciones de la República.
La mayoría de los legisladores del Congreso de la Unión actúan al servicio del titular del poder ejecutivo, aunque las reformas o leyes que expiden sean contrarias a la letra y el espíritu de la Constitución, y restrictivas de los derechos y las garantías que el Poder Constituyente y fundacional del Estado Mexicano moderno estableció a favor de los dueños de este país, de todos los mexicanos.
Ha degradado a las fuerzas armadas al asignarles tareas policiales, ajenas a su función y contrarias a lo expresamente dispuesto por la Carta Magna, convirtiéndolas en una fuerza policial más.
También ha degradado al Poder Judicial de la Federación, al lograr que la mayoría de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación atiendan a los intereses de la clase política, concediendo impunidad a algunos de sus más destacados ejemplares, como los gobernadores de Puebla y Oaxaca.
Así, poco a poco, la clase política que tantos miles de millones de pesos nos ha costado mantener estos últimos veinticinco años, ha desmantelado la cadena productiva del país, ha endeudado a la nación e hipotecado el futuro de las nuevas generaciones, ha dilapidado nuestra riqueza petrolera, ha expulsado a varios millones de trabajadores hacia los Estados Unidos; ha colocado al país en el último lugar en materia educativa, entre los integrantes de la OCDE; ha disminuido el poder de compra de los salarios al 20% del que tenían en 1982; ha negado sistemáticamente el apoyo económico necesario a la investigación científica y tecnológica y condenado a la miseria a más del 60% de los mexicanos, con el creciente desempleo, las pésimas y cada vez más precarias condiciones laborales y los míseros salarios decretados para nada comparables con los que ellos se asignan y nosotros les pagamos.
En contraste, esta misma clase política ha servido espléndidamente a no más de 20 familias que se han adueñado de la riqueza nacional, entre ellos ha apuntalado la vertiginosa carrera del hombre más rico del mundo. Para ellos no hubo “apretón de cinturón, política de austeridad, ni dosis de medicina amarga pero necesaria”. Para esos pocos, todo; para todos los demás, nada.
La coyuntura internacional.
La situación internacional ha cambiado significativamente en los últimos años. Del mundo unipolar que se nos presentó apenas empezando este siglo, hoy no queda casi nada; los países que Estados Unidos consideraba sometidos y dominados por fin, como la ex Unión Soviética y China, hoy unidos con la India, Irán y varios países del medio oriente, se reorganizaron y han formado importantes alianzas y bloques regionales. Lo mismo ha sucedido con nuestros pueblos hermanos de Sudamérica, que han alcanzado varios acuerdos de apoyo recíproco en materia económica, así como los de asistencia médica, sanitaria y educativa. Hasta un Banco Regional han constituido: el Banco del Sur, para apuntalar su desarrollo económico y el progreso de sus habitantes.
A contracorriente de lo que sucede en el mundo y en contra de los propios intereses de México, el gobierno federal se mantiene sometido incondicionalmente a los intereses y designios del gobierno anglosajón de los Estados Unidos, y aislado de nuestros hermanos americanos y de los países que soberanamente conservan, manejan y compiten en el mundo con sus recursos naturales, energéticos e industriales, como Rusia, China, Brasil, India e Irán.
Llamamiento
En medio de tan favorable y cambiante situación internacional y el desastroso estado en que ha colocado al país la clase económicamente poderosa y la clase política a su servicio, sobre todo el de los últimos veinticinco años, un grupo de ciudadanas y ciudadanos mexicanos, de diferentes profesiones, oficios, actividades económicas, sociales, gremiales y de experiencias políticas, hemos decidido organizarnos e invitar al mayor número de compatriotas a hacerlo, para cambiar real y definitivamente la lamentable realidad que padece la mayoría de los mexicanos, para ser al fin dueños de nuestra tierra, de nuestra riqueza natural y la socialmente producida. Dueños de nuestro destino como nación mexica o mexicana. Porque la nación somos los mexicanos de ayer, los de hoy y los de mañana; porque somos herederos de una de las seis civilizaciones originarias del mundo.
Ni México es un páramo, ni los mexicanos somos los parias del mundo. Tenemos recursos minerales, hidrocarburos, mares, ríos, selvas, desiertos, montañas, valles, recursos energéticos; también científicos, técnicos, profesionales, artistas, investigadores, creadores e intelectuales formados aquí y en el extranjero con recursos públicos; tenemos la mejor universidad del mundo de habla hispana, una de las mejores del planeta, e instituciones de educación superior de gran calidad como el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Autónoma Metropolitana. Tenemos millones de obreros, técnicos y profesionistas capaces de reconstruir y mejorar la cadena productiva y la estructura económica del país; como lo demostraron los petroleros de 1938, ante la prepotencia y la soberbia de las empresas que hoy vienen por la revancha y de la mano de quien está obligado a servir al pueblo de México.
Para lograr el objetivo mencionado, sumando nuestros modestos esfuerzos, experiencias y capacidades, con la de muchas mexicanas y muchos mexicanos más, consideramos necesario construir un espacio de encuentro, debate, estudio, diagnóstico y de acción ciudadana organizada, a través de una Agrupación Política Nacional. Una organización política donde se privilegie el interés general del país sobre el particular de los partidos y asociaciones políticas tradicionales; que se avoque fundamentalmente a la capacitación de los ciudadanos trabajadores de la ciudad y del campo, respecto de los derechos y garantías que la ley suprema del país les confiere, para que junto con los demás profesionistas de la ciencia, el arte, la cultura, la técnica y el humanismo, podamos transformar la hoy precaria y lacerante realidad que limita las oportunidades de desarrollo y progreso de la inmensa mayoría de los mexicanos, principalmente las de los jóvenes, y ofende y lastima su dignidad y calidad humana, en una nueva y posible realidad en la que no exista la explotación de un ser humano por otro y el bienestar individual no tenga mayor limitación que la capacidad laboral de cada uno.
Consideramos que esta tarea la podemos realizar a través de la Asociación Civil que proponemos se denomine MEXICANOS UNIDOS.
Por estas razones te invitamos a que te sumes a este esfuerzo organizativo, de actividad cívica y política ciudadana, en la que no priven la mezquindad y la lucha por cargos públicos, como objetivo inmediato y personal o de grupo, sino el interés general de la Nación, es decir de la mayoría de los mexicanos de hoy y sobre todo el de las mujeres y hombres que hoy son apenas niños o jóvenes.
Súmate, únete a quienes como tú deseamos una patria libre, justa y soberana; en manos de su legítimo dueño: el pueblo mexicano.
Sí, esta tarea es muy difícil, pero será cada vez más si no comenzamos a realizarla.
México, D. F a 2 de enero de 2008.
Atentamente.
La Comisión Organizadora de Mexicanos Unidos:
Hugo Velasco Bedrán, Raúl Jiménez Vázquez, Omar Castellanos Flores, Juan Miguel Villafuentes Peña, Joel Fernando Muñoz Franco, Lauro Jonathan Sol Orea, Carmen Sanabria Miravete, Verónica Moreno Ramírez, Margarita Rosado Solís, Gabriela Rodríguez Valencia, Laura Elena Villalobos , Juan Manuel Pomares Ortiz, Jorge Antonio Montemayor Aldrete, Gustavo Martínez Ordoñez, Joaquina Sandoval Acevedo, Ventura Gutiérrez Méndez, Ignacio Zapata, Rogelio Guerra, Rigoberto Vargas, Andrea Fernández Ortega y Porfirio Martínez González.
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